Costa Oeste + Bora Bora, el mejor viaje de mi vida. Capítulo 4.

BORA BORA

El paraíso perfecto para ir en pareja. Es el sitio más precioso y romántico que he visto en mi vida… La belleza natural de este paraje te pone los pelos de punta convirtiendo cada segundo en un momento mágico e inolvidable: sus cristalinas aguas, sus amaneceres y atardeceres, los jardines de coral, su laguna con peces de colores, tiburones, tortugas, el monte Otemanu siempre de fondo, el cielo estrellado… indescriptible.

Nos alojamos en un hotel de la cadena Sofitel que se situaba en un motu o isla privada. Nada más llegar, nos dieron la bienvenida con cocos y toallitas frescas al ritmo de la típica música polinesia…jeje, un señor se encargaba de cantar y tocar un instrumento (estilo guitarra), un artista! Nos colocaron el típico collar polinesio y nos acompañaron a nuestra habitación. ¡Pedazo de habitación, un overwater bungalow de lujo! Lo primero que vimos fue una cama enorme llena de pétalos y una botella de champagne con 2 copas… estábamos cansados pero había que celebrarlo. Abrimos la botella y nos tumbamos en las 2 hamacas que teníamos en la terraza con vistas a la laguna y al monte Otemanu…estábamos en el paraíso, literalmente.

Una vez recuperados del jet lag y de los efectos del champagne, decidimos hacer un poco de snorkel alrededor de la isla y disfrutar de la belleza submarina… creo que no he visto tantos peces de colores ni en el acuario de Donosti, aquello está lleno de vida. Como curiosidad, deciros que por la noche se acercaban a la luz del muelle pequeños escualos que se podían ver perfectamente… la verdad que imponían un poco… al día siguiente mi mujer se lo pensó 2 veces antes de meterse al agua, jeje!

El hotel nos trasladaba en barco de forma gratuita del motu a la isla. Conocidos, nos comentaron que en otros hoteles de lujo de la zona, cobraban hasta 50$ por este servicio. Una vez en la isla visitamos Vaitape, la capital. La iglesia, la escuela, el mercado, o las principales tiendas de perlas negras o souvenirs entre otras cosas se encuentran aquí.

De vuelta al hotel, disfrutamos de un maravilloso paseo en canoa. Le dimos la vuelta a nuestra isla privada, incluso nos atrevimos a visitar otro motu que teníamos enfrente donde vivía un polinesio que nos saludaba sin parar, muy majo. Por cierto, la gente polinesia todos muy agradables y muy educados. El complejo no posee una gran playa, más bien una pequeñita, pero más que suficiente, puesto que tampoco la necesitábamos, ya que éramos pocos los que teníamos acceso al motu. Además, la mayoría del tiempo lo pasábamos en nuestra habitación, tomando el sol o en el agua (snorkel, canoa…). Jamás he visto tal nivel de tranquilidad, privacidad y exclusividad.

El relax lo tienes asegurado pero la isla también ofrece otro tipo de actividades más aventureras. Tienes todo tipo de excursiones para disfrutar de la isla de forma diferente. Puedes bucear con tortugas, mantas o tiburones por ejemplo. O también puedes realizar excursiones en canoa o en catamarán con paradas en motus realizando un picnic en ellas. Existe la posibilidad de alquilar motos de agua o barcos grandes con un patrón para salir a pescar en alta mar. Hasta puedes sobrevolar la isla en helicóptero y si el presupuesto aprieta, puedes realizar una excursión en quad por la isla. Como véis, aunque la isla sea pequeñita, su oferta es más que diversa.

Bora Bora es precioso tanto de día como de noche. Nunca olvidaré esas mágicas noches en las que tumbados en la terraza de la habitación y con el ruido de las olas que rompían en la barrera de coral de fondo, disfrutábamos casi hasta dormirnos de un cielo inundado de estrellas. Un espectáculo inolvidable.

Otras de las noches mágicas fue cuando acudimos a una cena espectáculo polinesio y nos sacaron a los chicos a bailar su danza típica… teníais que ver la cara de mi pareja… llorando de risa. ¡Qué descoordinación! Al final terminamos todos, chicas y chicos, bailando bajo una pantalla de estrellas que brillaba a más no poder.

Dificilmente olvidaremos lo vivido. Ha sido tan especial, tan aventurero, tan romántico, tan emocionante... que nos costará sentir de nuevo, todas las sensaciones experimentadas durante este viaje.

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